14/9/2020
Pasacalles musicales, actividades circenses y espectáculos de magia
-entre otros- han transformado el centro arqueológico y su área de
protección, en el mes de septiembre, en la antítesis de lo que debería
ser un centro de divulgación de la prehistoria, convirtiéndolo en un
espacio museístico sujeto al interés político -y a menudo caciquista- de
turno.
Porque lo que el Dolmen de Dombate necesita no es que
lo pongan en valor, sino que lo respeten como se merece. Y
sobre todo, verdaderos profesionales para gestionar un monumento que,
visto lo visto, se le está quedando grande a la Diputación coruñesa y a
sus responsables políticos de Cultura y Patrimonio.
Resulta
difícil saber qué se le pasa por la cabeza como servidores públicos a
Xosé Regueira Varela y Xosé Luís Penas Corral -quien sabe, quizás el
todo vale-, pero la delegación de funciones del Grupo Provincial del BNG
en los intereses del alcalde del PP en Cabana de Bergantiños y quienes
le bailan las aguas no augura un futuro prometedor con los
técnicos-funcionarios de la Diputación evitando problemas y sus
representantes políticos, los que deberían dar la cara, lavándose las
manos. Es así como hemos llegado a la situación actual, donde el
populismo ha suplantado a la arqueología.
No hay más que echar
un vistazo al planteamiento de los restantes centros arqueológicos de
Galicia -o de cualquier otro lugar- para darse cuenta de que la realización en
áreas protegidas de actividades que están completamente fuera de
contexto van en contra del interés de cualquier conjunto monumental.
Nadie discute, en cualquier caso, sobre lo lícito de estas actuaciones de farándula, propias e ideales para cualquier local social municipal, pero lo que hay que entender es que un centro arqueológico y su área protegida, donde además se han realizado excavaciones, NO ES EL LUGAR.
Futuro incierto para el Dolmen de Dombate. Primero, del abandono a la turistificación. Ahora, de la arqueología al populismo.
(Texto en galego)